La Tienda de Velas. Milagro en Navidad
El Milagro de la Novena en Villa de Leyva
Leyenda de Colombia
En el corazón de Villa de Leyva, donde se deyiene el tiempo en sus calles empedradas y la plaza mayor se enciende cada diciembre con faroles de mil colores, vivía María del Carmen Salazar, una joven ceramista boyacense conocida por sus hermosas velas artesanales.
El 23 de diciembre, víspera de la última noche de novena, el pueblo estaba lleno de turistas, música, buñuelos y natilla. Las familias preparaban los villancicos, los niños corrían con farolitos, y el aroma a brevas con arequipe salía de las casas como una bendición dulce.
—¿Y ahora qué hago? —suspiró, sentada en su taller.
Si fallaba, no solo perdería al cliente más grande que había tenido, sino también su reputación en el pueblo.
De pronto, mientras caminaba, María del Carmen vio algo extraño en una esquina de la plaza:
Se acercó, temerosa.
—¿Qué es esto? —susurró.
La llama se movió suavemente, como saludándola, y avanzó hacia una calle estrecha.
María del Carmen, sin saber por qué, la siguió.
Cuando entró, un anciano de barba blanca y ojos brillantes la recibió con una sonrisa.
—Te estaba esperando —dijo con voz serena.
—¿Usted… a mí?
—Buscas velas para la novena, ¿cierto?
María del Carmen abrió los ojos sorprendida.
—¿Cómo…?
El anciano señaló las estanterías.
Allí, ordenadas por tamaño y forma, había cientos de velas artesanales, todas bellísimas: de cera pura, de colores suaves, con acabados que parecían hechos por manos expertas.
—Llévate las que necesites —dijo el hombre.
—Pero no tengo con qué pagarle…
Él negó con la cabeza.
—No te preocupes. La Navidad no se paga. Se comparte.
María del Carmen, conmovida, escogió cien velas perfectas.
—Gracias… de verdad. ¿Cómo puedo llamarlo?
El anciano sonrió.
—Dime simplemente… Candilito.
María del Carmen regresó corriendo a la plaza, llevando las velas en una caja ligera como si no pesara nada. La novena comenzó con música, luces, risas, mariposas nocturnas y el tiple del joven moreno resonando entre las montañas.
Después del acto, la alcaldesa quedó encantada.
—Estas velas son hermosas. María del Carmen, ¡quiero encargarte para todas las novenas del próximo año!
María del Carmen sonrió con el corazón lleno.

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