La Musica del Abuelo. Milagro de Navidad
El Violinista en la Nieve
Milagro de Navidad
La noche del 24 de diciembre se puso sileciosa en Winterdale, un pequeño pueblo de Montana, rodeado de bosques y colinas blancas. Las luces de las casas brillaban cálidamente, y la gente se preparaba para la misa de medianoche.
Sin embargo, para Claire Bennett, aquella Navidad era diferente.
Su abuelo, Arthur, había fallecido seis meses antes. Él había sido violinista toda su vida, conocido en el pueblo por tocar villancicos en las calles durante la Nochebuena. Claire lo había amado como a un padre, y su ausencia la acompañaba como una sombra helada.
Esa noche, incapaz de dormir, salió a caminar con su abrigo largo, dejando que la nieve fresca crujiera bajo sus botas.
Cruzó la plaza vacía, pasó frente al enorme árbol navideño, y se detuvo frente al banco donde solía sentarse su abuelo a tocar.
—Ojalá pudieras estar aquí, abuelo —susurró.
Entonces, un sonido extraño quebró el silencio.
Un violín.
Primero suave, casi tímido… luego más claro, más puro.
Era una melodía que Claire conocía bien: “Silent Night”.
Su abuelo la había tocado para ella desde que era niña.
Su corazón dio un salto.
—No… no puede ser…
Siguió la música hasta una calle lateral, donde la niebla y la nieve bailaban juntas bajo un farol.
Y allí lo vio.
Un hombre delgado, de abrigo oscuro, tocando un violín antiguo.
Tenía la cabeza inclinada y el cabello gris cayéndole por la frente.
La luz no permitía ver bien su rostro… pero la postura, la delicadeza, el movimiento de sus manos—todo le resultaba familiar.
Claire dio un paso adelante.
—¿Abuelo?
El violinista se detuvo.
Levantó el rostro y sonrió con ternura.
La misma sonrisa que ella había visto miles de veces.
—Claire —susurró él con una voz que parecía mezclarse con el viento—. No estás sola.
Ella corrió hacia él, con el corazón vibrando, pero cuando la nieve giró como un remolino entre ambos… el hombre desapareció.
El violín también.
Solo quedó el farol, la nieve… y un pequeño objeto en el banco junto a él.
Un estuche de madera.
El estuche del violín de Arthur.
Con las manos temblorosas, Claire lo abrió.
Dentro no había violín, pero sí una hoja escrita con la caligrafía de su abuelo:
“Sigue tocando. Yo estaré contigo en cada nota.
Feliz Navidad, mi niña.”
Claire cayó de rodillas, llorando de emoción y gratitud.
A la mañana siguiente, cuando llevó el estuche a la iglesia, el sacerdote se sorprendió.
Ese estuche había sido enterrado con su abuelo.
Nadie supo cómo había aparecido allí.
Pero Claire sí lo sabía en lo más profundo de su alma:
su abuelo había regresado una última vez…
para que la música —y su amor— nunca se apagara.

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