La campana que llamó al Niño en la Nochebuena andina
La campana que llamó al Niño en la Nochebuena andina
Esta noche, mientras el frío se cuela despacio por las rendijas de la casa y el reloj se acerca a la medianoche, quiero contarles una historia como me la contaron a mí, en una Nochebuena muy parecida a esta.
Dicen los abuelos que en una Navidad antigua, cuando el cielo del altiplano estaba tan limpio que parecía recién estrenado, se escuchó una campana lejana que no venía de ninguna iglesia. Yo me imagino a los pastores dejando el mate caliente, mirando la oscuridad y sintiendo que ese sonido no llamaba al oído, sino al corazón. Así, envueltos en sus ponchos, caminaron siguiendo la campana entre cerros silenciosos, con la luna alumbrándoles el camino.
Al llegar, vieron una choza humilde, apenas sostenida por palos y paja, pero llena de una luz tibia que no venía del fuego. Dentro estaba el Niño, pequeñito, recién nacido, y su llanto era suave, como si no quisiera despertar a la noche. La madre lo acunaba con ternura, y el padre, callado, miraba como quien entiende un misterio grande. Entonces los pastores se arrodillaron, no por miedo, sino por respeto, y ofrecieron lo que traían: papas de la última cosecha, quinua limpia, un pedazo de charque, lana tejida con paciencia y figuritas de barro hechas por manos sencillas.
Cuentan que en ese momento el viento dejó de soplar tan fuerte y el frío ya no dolía. Era como si la Pachamama misma hubiera cubierto la choza con su manto para cuidar al Niño. Cuando regresaron a sus casas, antes de que cantara el gallo, encontraron sus campos más verdes y sus animales tranquilos, como si la tierra hubiera recibido una bendición silenciosa.
Por eso, esta noche de Nochebuena, cuando armamos el pesebre y ponemos junto al Niño los frutos de la tierra y el pan compartido, recordamos esa historia. Y mientras esperamos la medianoche, los abuelos dicen en voz baja que, si el corazón está limpio y la mesa se comparte, el Niño vuelve a nacer aquí mismo, entre nosotros, trayendo paz, esperanza y un año nuevo lleno de vida.

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