El niño que volvió a respirar
El niño que volvió a respirar Un milagro de San Vicente Ferrer Cuentan las crónicas antiguas que, en una pequeña aldea del Reino de Valencia, el llanto había tomado el lugar de las campanas. Un niño —apenas de unos años— yacía sin vida en brazos de su madre. Los vecinos, resignados, hablaban ya de entierro y mortaja. La casa estaba llena de silencio roto por sollozos, ese silencio pesado que anuncia lo irreversible. En esos días, San Vicente Ferrer pasaba por la región predicando la conversión y la misericordia de Dios. Al enterarse del suceso, pidió que lo condujeran a la humilde vivienda. Entró sin pompa ni solemnidad, con el hábito polvoriento del camino y el rostro sereno. Pidió que colocaran al niño sobre una mesa. No hizo largos discursos ni gestos teatrales. Se arrodilló, cerró los ojos y oró en voz baja. Los presentes apenas podían oír sus palabras, pero sí percibían una extraña paz que parecía llenar la habitación. Tras unos instantes, el santo se levantó y, m...