La llave de la noche buena
La llave de la noche buena La nieve caía despacio, amortiguando los sonidos de la ciudad, mientras aquel hombre caminaba solo por la calle blanca. El frío le mordía las manos y los recuerdos pesaban más que el abrigo. De pronto, bajo la luz amarillenta de un farol, algo brilló entre la escarcha: una pequeña llave dorada. La recogió con curiosidad. No estaba fría; al contrario, parecía guardar un calor extraño, casi humano. Sin saber por qué, la guardó en el bolsillo y siguió su camino. Un poco más adelante entró en un bar casi vacío. El vidrio empañado, la madera oscura y una música lejana lo envolvieron como un refugio contra la noche. Se sentó en una mesa, pidió un whisky y dejó la llave sobre el mantel. Mientras el licor ardía en su garganta, la comprensión llegó sin palabras: aquella llave no abría cerraduras comunes. Era capaz de abrir puertas invisibles, caminos ocultos hacia miles de lugares posibles. Con ella podía elegir destinos lejanos, grandes aventuras, vidas distin...