El niño que volvió a respirar

 

El niño que volvió a respirar

Un milagro de San Vicente Ferrer

Cuentan las crónicas antiguas que, en una pequeña aldea del Reino de Valencia, el llanto había tomado el lugar de las campanas. Un niño —apenas de unos años— yacía sin vida en brazos de su madre. Los vecinos, resignados, hablaban ya de entierro y mortaja. La casa estaba llena de silencio roto por sollozos, ese silencio pesado que anuncia lo irreversible.

En esos días, San Vicente Ferrer pasaba por la región predicando la conversión y la misericordia de Dios. Al enterarse del suceso, pidió que lo condujeran a la humilde vivienda. Entró sin pompa ni solemnidad, con el hábito polvoriento del camino y el rostro sereno.

Pidió que colocaran al niño sobre una mesa. No hizo largos discursos ni gestos teatrales. Se arrodilló, cerró los ojos y oró en voz baja. Los presentes apenas podían oír sus palabras, pero sí percibían una extraña paz que parecía llenar la habitación.



Tras unos instantes, el santo se levantó y, mirando al cuerpo inmóvil, dijo con firmeza:

“En nombre de Jesucristo, levántate.”

Entonces ocurrió lo inesperado. El pecho del niño se movió. Un suspiro leve, casi imperceptible, atravesó la estancia. Luego otro. Los labios tomaron color y los ojos se abrieron lentamente. El niño comenzó a llorar… un llanto vivo, fuerte, real.

La madre cayó de rodillas, incapaz de pronunciar palabra. Los vecinos se santiguaban, algunos lloraban, otros huían asustados por lo que acababan de presenciar. San Vicente, en cambio, no permitió celebraciones excesivas. Alzó la mano y dijo:

“No me den gloria a mí. Den gracias a Dios, que es quien da la vida y la devuelve cuando quiere.”

Después, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, tomó su bastón y continuó su camino.

Años más tarde, aquel niño —ya hombre— daba testimonio de lo sucedido, no como quien presume de un prodigio, sino como quien sabe que su vida fue un préstamo devuelto por la misericordia divina. Y el nombre de San Vicente Ferrer quedó grabado una vez más en la memoria del pueblo, no como el de un taumaturgo, sino como el de un siervo fiel que señalaba siempre hacia Dios.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Solemnidad de Corpus Christi

Consejos para bajar de peso

Jesús Amigo

El Soldado de Juguete y la Moneda Brillante