Entradas

Mostrando entradas de 2026

W. E. B. Du Bois y el alma despierta de una nación”

Imagen
 “La doble mirada de la conciencia: W. E. B. Du Bois y el alma despierta de una nación” En la quietud de una noche de estudio, cuando el murmullo del mundo parecía apagarse, W. E. B. Du Bois se inclinaba sobre su escritorio como quien se asoma a un abismo. No era un abismo de miedo, sino de conciencia. Allí, entre libros, cartas y estadísticas, comprendía que la historia no se escribe sola: alguien debe interrogarla, desafiarla, obligarla a decir la verdad. Desde muy joven había aprendido a ver con una doble mirada. Una era la suya, íntima y humana; la otra, la que la sociedad le imponía por el color de su piel. A esa tensión la llamaría más tarde “doble conciencia”, no como una queja, sino como un diagnóstico profundo de una nación que proclamaba libertad mientras negaba igualdad. Du Bois no aceptó nunca que esa contradicción fuera normal. Caminó universidades y ciudades con la determinación de quien sabe que el conocimiento también es una forma de resistencia. Para él, los núm...

El niño que volvió a respirar

Imagen
  El niño que volvió a respirar Un milagro de  San Vicente Ferrer Cuentan las crónicas antiguas que, en una pequeña aldea del Reino de Valencia, el llanto había tomado el lugar de las campanas. Un niño —apenas de unos años— yacía sin vida en brazos de su madre. Los vecinos, resignados, hablaban ya de entierro y mortaja. La casa estaba llena de silencio roto por sollozos, ese silencio pesado que anuncia lo irreversible. En esos días, San Vicente Ferrer pasaba por la región predicando la conversión y la misericordia de Dios. Al enterarse del suceso, pidió que lo condujeran a la humilde vivienda. Entró sin pompa ni solemnidad, con el hábito polvoriento del camino y el rostro sereno. Pidió que colocaran al niño sobre una mesa. No hizo largos discursos ni gestos teatrales. Se arrodilló, cerró los ojos y oró en voz baja. Los presentes apenas podían oír sus palabras, pero sí percibían una extraña paz que parecía llenar la habitación. Tras unos instantes, el santo se levantó y, m...